En 1923, debido a la cada vez más sensible disonancia entre el estilo expresionista del pintor Lothar Schreyer, miembro del grupo berlinés Sturm, y los fundamentos estéticos de la Bauhaus, que aspiraban a conseguir una síntesis de todas las artes a través de las formas puras, éste fue sustituido en la dirección de los talleres escénicos de la escuela, parte esencial del plan interdisciplinar de estudios del proyecto de Walter Gropius, que aspiraba tanto a la eliminación de las barreras entre artistas y artesanos como al reconocimiento de la posibilidad del arte de influir en la producción industrial.

El sucesor de Schreyer fue Oskar Schlemmer, quien durante el periodo comprendido entre 1923 y 1929 transformó los talleres escénicos de la Bauhaus en un pionero centro multidisciplinario de trabajo experimental que reflejaba por medio de formas dinámicas las sensibilidades artísticas y tecnológicas de la escuela.
El resultado más representativo de esta labor fue su seminal Ballet Triádico, que contenía todo el espectro de la teoría de Schlemmer sobre la performance y sigue siendo hoy en día tal vez la más interesante y completa fusión de danza, música y vestuario (que extendía en el espacio los contornos del cuerpo, auténtica fuerza motriz de la performance, mediante el uso de metal, tela y alambres que transformaban a los actores en figuras abstractas) jamás puesta en escena.
Los trabajos de Schlemmer son doble testimonio por un lado de la estrecha y viva relación existente entre el arte y la moda en la Edad Contemporánea y por otro de una época, el período de entreguerras, en que Alemania era una de las grandes capitales no sólo de la vanguardia artística sino también de la moda, capaz de competir a su manera con lugares como Francia o Italia en este campo.
La celebración en Berlín desde 2010, tras varios años teniendo lugar con enorme éxito en Barcelona, de la Feria Internacional de Moda Urbana Bread and Butter, tal vez la más importante del mundo en su género, que vivirá su próxima edición en el céntrico y emblemático aeropuerto Tempelhof, cerrado desde hace años al tráfico aéreo, del 18 al 20 de enero (http://www.breadandbutter.com/winter2012/) parece una manera de viajar a esos singulares tiempos a bordo de no menos especiales aeroplanos capaces al mismo tiempo de surcar pasado, futuro y presente, legítima esfera de lo relativo donde parece moverse en su elemento el arte adaptativo de la moda, investido tal vez, como sostenía Marshall Mcluhan, de una cierta infalibilidad que llena de alguna manera el vacío sensorial creado por las diferentes desubicaciones causadas por la tecnología.
Mucho tiempo parece haber pasado desde los experimentos de Schlemmer, aunque seguimos sin poder decir, como Chesterton, si el mundo es joven o viejo, pero la capital alemana es hoy como entonces una de las ciudades más vanguardistas y vibrantes de Occidente.
Si alquila apartamentos en Berlín por estas fechas, sumérjase en el fascinante universo de Bread and Butter, una feria que en a penas diez años ha llegado a ser la más importante de Europa.




















